Increíble, pero cierto.

Los de “The Economist” también están afectados por la crisis. No hay otra explicación al hecho de que organicen una conferencia sobre economía con el tío que menos sabe del tema en España: Rodríguez Zapatero. Si somos hombres de fe ya sabemos que ocurrirá lo siguiente: habrá mayor transparencia en el sector financiero (¿en las Cajas también?), favorecerán el dinamismo empresarial (¡oh! ¡Dios mío! ¿Qué diablos será eso?) y desarrollarán los sectores que acompañan a la lucha contra el cambio climático (aquellos sectores que se dedican a levantar aceras fundamentalmente).

Como en cualquier otro acto eclesial solo han ido los adeptos. Según la prensa, ni uno solo de los presidentes de empresas que cotizan en el IBEX asistió a esta misa: descreídos, ateos y antipatriotas.

Lo mejor: “También en España estamos a punto de registrar datos intertrimestrales positivos”; “todo apunta a que el ritmo de la recuperación se va a acelerar”. Estamos a punto porque todo apunta… al punto, supongo. Me apunto. ¡Qué punto!, ¿no?

Si la Economía Sostenible comienza en el 2010 con un horizonte fijado en 2020 y teniendo en cuenta que 2020 menos 2010 son 10. Y que si además dividimos 10 entre 2 nos da un resultado de 5, lo que tenemos a la vista son dos Planes Quinquenales. Vuelta a la economía dirigida. Esto se va a poner cachondo.

En cualquier caso, por el bien de todos, y a pesar de lo visionario de la política del Gobierno, espero que nuestro talantoso Cid Campeador gane esta batalla.

Con todo aún estoy sumido en el efecto lisérgico del macroconcierto que ofreció ZP el pasado domingo. El tema principal fue el antiguo éxito “Que grande la tengo”, continuando con los ya clásicos “Somos mas guapos que aquéllos” y “Me gusta ser co-líder planetario”. No faltaron sus mejores go-gos, incluyendo algunos que ya se han recuperado tras una larga baja por depresión.

Interesantísimo el vídeo “Conservador/Progresista” de las Nuevas Energias Socialistas: Conservador es tener miedo al futuro, dice, y vemos la imagen de un reloj que marcha hacia atrás, Progresista es transformador y ponen la imagen de un capullo. Tranquilos no es ningún representante político, es de una rosa. En fin, casi tres minutos de pura demagogia. Nada más.

A la espera del maná de la Economía Sostenible toca entretenerse con cuestiones menos importantes. Leo en la prensa al Ministro Corbacho hablando de la llegada del modelo alemán: “podemos estar en condiciones de aprobarla el primer mes del próximo año“. La implantación de ese modo de hablar que consiste en no llamar a las cosas por su nombre está más allá de la frontera de lo ridículo: el primer mes del próximo año se llama enero, hostias. ¿O es que también le van a cambiar el nombre?

                    
Otro titular, en EL PAIS: “Bruselas bloquea las ayudas al cine”. Declaración de la Ministra del ramo al conocer la noticia: “Es una práctica habitual, y si la orden no se aprueba en un mes, como esperábamos, se aprobará en tres o cuatro meses, no pasa nada”. Pues nada, mujer, paciencia y ya está. Mientras tanto, quedan anuladas todas las ayudas para 2010 puesto que no existe soporte jurídico para ellas.

Y mientras estas pequeñeces van sucediendo se ha presentado una proposición no de ley para reparar, en un ejercicio de responsabilidad, claro, la injusticia cometida con la expulsión de los moriscos allá por año 1609. Entiendo que hay dar a esto el carácter de urgencia que incuestionablemente merece.

Autor: Ricardo Vidal López

Mi experiencia está muy centrada en dos sectores: la formación y la seguridad. Para ambas cuestiones el estudio y el análisis son determinantes; el mundo cambia con rapidez y hay que adaptarse a ello. Y la mejor manera de hacerlo es a través de la innovación. Innovar no es sacar cosas de la chistera; innovar es mirar atrás para mejorar delante. Yo echo la mirada atrás a través de la lectura de la historia, de las ciencias sociales en general, de la literatura o el cine, y de casi cualquier otra cosa que mueva mi curiosidad. Es complicado establecer narrativas futuras cuando se ignora qué significa narrativa y aún peor cuando se desconoce la narrativa en la que cada cual anda inmerso: no se puede construir sin cimientos.