Un par de cosas.

Últimamente procuro no leer la prensa porque ya estoy un poco hasta las narices de la incompetencia e incontinencia de nuestros representantes. Pero hoy, he comido en la calle, y a la vuelta al trabajo, por aquello de no dormirme antes de empezar el curro, he cometido un error que me aleja del Gobierno: he querido informarme.

Y lo primero que me encuentro es que “el Gobierno extiende la reducción del PER”, es decir, reduce las peonadas necesarias para acceder al subsidio agrario en toda Andalucía y Extremadura. Pasan de 35 a 20 el número de jornales para acceder al subsidio. Se me empiezan a indigestar los garbanzos con espinacas.

En La Vanguardia leo que “Siete de cada diez españoles acuden a su trabajo cuando están enfermos”. Normal. Deben ser los siete que no son funcionarios o personal laboral o digital de cualquiera de la muchas administraciones públicas que nos acosan. Es la típica noticia para hacer bulto en el periódico y por eso mismo yo también la recojo. Y hablando de bultos leo en El País una noticia en la que el “capo de la SGAE”, Don Bautista, dice que la Ley Sinde es inteligente aunque duda si será buena. ¡Aguanta esa! De manera que ya ni Teddy va a hablar claro. Ni frío ni calor, ya se sabe 0 grados. Lo mismo lo hacen ministro. Pero además afirma Teddy Bautista que los derechos de autor son como el mapa del clítoris; pertenecen a los derechos fundamentales.

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Cosas de género.

Hoy me han comentado la última noticia que ha generado Bibiana Aido. Así que me ido a consultar la realidad de las declaraciones. En la web del Senado no he visto nada, así que me he ido a la del PSOE. Y veo cosas como la afirmación de Soledad Cabezón, que vaya usted a saber qué cargo tiene, pero que, claro, cargo tiene. Sólo hay “un 30 por ciento de acceso femenino a las carreras técnicas e ingenierías”, “solamente un 15 por ciento de mujeres catedráticas y sólo 11 de las 77 Universidades españolas están dirigidas por mujeres rectoras”. Existe, por tanto, según Cabezón “una clara desigualdad en el proceso de feminización de la Universidad”. Vamos a ver, ¿es que existe algún filtro en la Universidad que impida que las mujeres no sumen más del 30% en las carreras técnicas?, ¿no será debido a que las propias mujeres toman su decisión sobre qué quieren estudiar independientemente de que al Ministerio de Igualdad no le venga bien?

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¡Ojú, ojú!

A mí lo de Zapatero ya ni me ofende. Como no espero sentido común ni en sus declaraciones ni mucho menos en su política se ha convertido para mí en algo así como un fenómeno auditivo-climatológico, vamos, “como quien oye llover”. Sin embargo, de quien siempre estoy dispuesto a aprender es de Leire Pajín, aunque lo cierto es que no consigo hacerlo de ninguna manera. Ayer hablaba la nena de “sentido común y sentido del Estado”. Dos cosas de las que, creo, ella carece. Ni siquiera posee el buen sentido de callar. Cada vez que la veo aparecer en televisión me sobreviene una inquietud mayor que la que tiene una oficinista a la hora de la coca cola Light.

Sobre el buen sentido de callar podría escribir un tratado. Fijaos que gran ejemplo veo en La Voz de Galicia. “Conseguir que todas las mujeres que desean trabajar puedan hacerlo en colocaciones de calidad ayudará a salir de la crisis económica, porque mejorará el mercado laboral, generará mayores cotizaciones a la Seguridad Social y fomentará el consumo interno del país”. Esto lo afirman los Epi y Blas del sindicalismo español, Fernández Toxo y Cándido Méndez. Imaginaos, si en vez de eso hubieran afirmado “que todas las mujeres y todos los hombres”,…, pero habrían tenido que pensar, claro. Creo que para mañana existe la convocatoria de una multitudinaria manifestación, de un vasto desierto de hombres, que supondrá, dicen, un auténtico termómetro de la situación. Como ciudadanos ya nos vamos acostumbrando a que cada vez que uno de éstos o de los otros coge un termómetro nos lo meta por el culo. Al menos que nos regalen flores, hombre.

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La carretera (“The road”). John Hillcoat, 2009.

Tras la aplastante visión apocalíptica de esta película late, de forma constante, casi rítmica, la idea de que la esperanza es la propia vida. No se puede continuar vivo sin ella, como nos demuestra el personaje de Charlize Theron. Aquí esa esperanza es representada por el sur, por la costa. En esta desoladora película se dan cita varias cuestiones que, como en el cine clásico, atañen a la moral. Nos habla de la naturaleza humana puesta frente a sí misma, nos recuerda permanentemente que “el hombre es un lobo para el hombre”. La brutalidad de algunas escenas sirven para poner de manifiesto la multiplicidad de posibles comportamientos humanos que podría generar una situación como la que se describe. Y algo interesante, que vemos muy poco últimamente en el cine, es la conciencia de la moralidad, ese “fuego interior”, que es el que nos mantiene en lucha, que es quien hace que pase lo que pase continuemos caminando.

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Fe y esperanza.

Entiendo perfectamente que nuestro amigo y presidente Rodríguez Zapatero haya viajado hasta Washington para asistir a misa con el Nobel de la Paz. Y lo entiendo porque a pesar de lo que digan sus enemigos nuestro presidente es un hombre de fe. Uno de los grandes periodistas de la historia –tranquilos, no es María Antonia Iglesias- definía la fe como “una creencia ilógica en que lo improbable sucederá” [H. L. Mencken]. Nuestro presidente ha dado sobradas muestras de tener una fe ciega, que es como debe ser la fe, en su propia política. Sin embargo cuando pienso en nuestro Presidente a mí me viene a la mente aquella cosa que escribió Lichtemberg: “Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa”.

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¡Qué chasco!

Tras el descubrimiento público de que Obama no viene a ver a Zapatero empiezo a escuchar algunos análisis de porqué nuestro presi va a misa en Washington. El más oído es que como sabía que no vendría ésta sería la única oportunidad de tener una foto con el co-líder. Vista ya la política que hace este hombre doy bastante crédito a esta opinión.

He oído unas declaraciones de la chica ésta que es medio vidente, mi Leire, que viene a afirmar que lo importante es que se ven mañana en Washington y que existe una coincidencia de visión entre Europa y EEUU que antes no había. Nos anuncia que su majestad Jose Luis I el Sostenible hará “un buen discurso de convicciones y de responsabilidad” y lo hará en español. O sea, más de lo mismo. Cada día me acuerdo más de lo que Eisenhower aplicaba, creo que a los intelectuales: “hombre que usa más palabras de las necesarias para decir más cosas de las que sabe”.

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Es menester ver.

El denominado “principio de responsabilidad” es utilizado en política como una especie de “olor a santidad” propio. El penúltimo en hacerlo ha sido, cómo no, mi amigo y presidente Zapatero. Para, a continuación, decir eso de que “los responsables políticos tienen que dedicar el mayor tiempo a los problemas de los ciudadanos”. ¡Y olé! Quizá es que yo soy poco asertivo. Pero me consta que los hagiógrafos más contumaces de nuestro insustancial presidente afrontarán nuevas batallas para fortificar tan filosófica y bondadosa proclamación.

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Anatomía de un asesinato (“Anatomy of a murder”). Otto Preminger, 1959.

Esta película gira entorno a una violación y un asesinato por “envenenamiento de plomo”. El abogado Paul Biegler se hace cargo de la defensa y en primer término debe conseguir una percha legal donde colgar la argumentación. “Un asesinato se defiende de cuatro formas. Número uno, no fue asesinato, fue suicidio o accidente. Número dos, usted no le asesinó. Número tres, estaba justificado, lo hizo para proteger su hogar o fue en defensa propia. Número cuatro, matarlo puede excusarle”. Cuando su defendido dice que “debía estar loco cuando cometió el crimen” encuentra la percha que necesita: la  locura transitoria.
Otto Preminger, el director, buscó intensamente en la década de los 50 un acercamiento al cine analítico. Y quizá es en esta película donde lo consigue con mayor éxito, puesto que, además, el tema, el proceso judicial, se lo pone en bandeja. La precisión y el detalle con que Preminger desgrana la acción es propiamente una lección de anatomía cinematográfica; todo está perfectamente pulido. Y ello sin perder un ápice de coherencia narrativa. Partiendo de un guión soberbio, Preminger dirige con una rotundidad impecable esta película. Además, una de las cosas que más me gusta película es cómo cuida la introducción de los personajes, con auténtico mimo.

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Malditos bastardos (“Inglourious basterds”). Quentin Tarantino, 2009.

“Érase una vez… en la Francia ocupada por los alemanes de 1940”. La película empieza maravillosamente, con el tema “The green leaves of summer”, compuesto por Dimitri Tiomkin, tema musical de “El Alamo” (John Wayne, 1960). Y de ahí a Ennio Morricone. Desde el principio nos informan de que vamos a ver una película a ritmo de western. Vale, esto me empieza a interesar.

El comienzo me hace recordar “Centauros del desierto”. Algunos, lo sé, me dirán que soy un exagerado y que veo Centauros por todas partes, pero la masacre de una familia y una niña que sobrevive…, en fin, no insisto. Pero me lo recuerda.

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Y tal, y tal,…

De un nombre tan rimbombante como “Coalición de Creadores” no podía salir nada bueno. Que el proyecto de ley del Gobierno construya una Comisión de Propiedad Intelectual es un privilegio que se les otorga a los propietarios de derechos de autor frente a los titulares de otro tipo de derechos. Esta Comisión, perteneciente al Ministerio de Cultura, será la encargada de iniciar los procedimientos administrativos contra las webs. Como es natural el procedimiento no será ni inmediato ni simple. De todas las reacciones y declaraciones que he leído me quedo con la del chico que tenía un abuelo picador, allá en la mina: “si en tu boda pagas por los langostinos, también tienes que pagar por la música”. Y además insinúa que se haga cargo de esto la Guardia Civil. Vivir para ver.

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