Anatomía de un asesinato (“Anatomy of a murder”). Otto Preminger, 1959.

Anatomía de un asesinato.

Esta película gira entorno a una violación y un asesinato por “envenenamiento de plomo”. El abogado Paul Biegler se hace cargo de la defensa y en primer término debe conseguir una percha legal donde colgar la argumentación. “Un asesinato se defiende de cuatro formas. Número uno, no fue asesinato, fue suicidio o accidente. Número dos, usted no le asesinó. Número tres, estaba justificado, lo hizo para proteger su hogar o fue en defensa propia. Número cuatro, matarlo puede excusarle”. Cuando su defendido dice que “debía estar loco cuando cometió el crimen” encuentra la percha que necesita: la  locura transitoria.
Otto Preminger, el director, buscó intensamente en la década de los 50 un acercamiento al cine analítico. Y quizá es en esta película donde lo consigue con mayor éxito, puesto que, además, el tema, el proceso judicial, se lo pone en bandeja. La precisión y el detalle con que Preminger desgrana la acción es propiamente una lección de anatomía cinematográfica; todo está perfectamente pulido. Y ello sin perder un ápice de coherencia narrativa. Partiendo de un guión soberbio, Preminger dirige con una rotundidad impecable esta película. Además, una de las cosas que más me gusta película es cómo cuida la introducción de los personajes, con auténtico mimo.

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Thomas de Quincey: “Si uno empieza…”.

Thomas de Quincey: “Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia a robar, del robo pasará a la bebida y a la inobservancia del domingo, y acabará por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”.

Del asesinato considerado como una de las bellas artes.