Algunas certezas.

Nuestro país debe ser el más democrático del mundo a la vista del número de elecciones que venimos padeciendo los ciudadanos para que luego nuestros elegidos sean incapaces de elegir. Y digo padeciendo no porque ir a introducir un papelito dentro de una cajita suponga un gran dolor, sino porque para llegar a ese momento y acto clave de la penetración debemos sufrir las insufribles soflamas de quienes dicen tener las llaves de la razón política.

De entre todos los candidatos, de todos los partidos, de todas las demarcaciones, únicamente he visto una declaración absolutamente razonable. Y, claro, no podía ser otro que Fernando Savater: “¡No me dejan leer!“. Se queja, pero asume, el “embolao” de su candidatura y la campaña. Aparte de lo que dice Savater, santo fundamental de mi impío santoral, no he visto hasta el momento nada positivo.

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Escandalosamente idiotas.

Lo de la “crisis moral” de la sociedad viene a ser una especie justificante político para que nadie se haga responsable de los fracasos en la gestión gubernamental. Hoy tenemos el ejemplo en Francia, donde François Hollande ha espetado lo de la “crisis cívica y moral” para afrontar el sonoro batacazo electoral de ayer. El terremoto municipal ha dejado un cambio inmediato en el Gobierno de Francia destinado a evitar la tragedia en las próximas elecciones europeas. La abstención ha marcado un récord y los partidos que están en los extremos del arco político han mejorado notablemente sus anteriores resultados.

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Erecciones Generales.

Me han dicho que estamos en campaña electoral. Ya mismo es la fiesta de la democracia, ¡qué alegría!, sólo nos faltarán unos chupitos para que sea una auténtica fiesta.

De entre todas las soplapolleces, sí, so-pla-po-lle-ces, que veo y oigo, solo ha habido una que me ha conmovido: Rajoy insinúa que podría cambiar la ley para que se fume en algunos bares. Una insinuación no es suficiente para votar; lo siento Mariano. Como soy español y andaluz sólo votaré al Senado porque se presenta un buen y capaz amigo, que además se lo curra como nadie. Los demás,…, a pelarla.

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De campaña.

Los que hayáis tenido la santa e infinita paciencia de leer algunas de mis notas -os recomiendo todas; son elegantes, incorrectas e inteligentes- os habréis enterado de que he sido, desde muy joven, ávido lector de filósofos clásicos, amén de otras mil cosas perversas y viciadas. Tengo un hermano que, ya desde muy jóvenes, me decía que tanto libro me dañaría la cabeza. Y, en ciertos, bastantes, aspectos, ha tenido razón. Algunas de mis ideas, inflamadas, se han convertido en chichones. Si viviéramos en una biblioteca me iría mejor, pero no es así; y, bueno, tampoco está mal. A lo mejor, por eso veo las cosas de otra manera.

“Moby Dick” comenzaba con “llamadme Ismael”. Todos, más o menos, recordaréis el contenido de la novela: la lucha de ZP contra los mercados con Pe Punto por testigo. ¡Ah, no!, la de Ahab contra la ballena blanca, con Ismael para certificar la defunción de su jefe. Casualidades político-novelescas.
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