Walter Benjamin.

Fue un pensador fragmentario y disperso, un marxista heterodoxo con una cierta tendencia a la platonización, al idealismo. Situado en el límite -el lugar donde se vive en soledad- fue allí, en el límite, en la frontera, y así, en soledad, donde fue a morir. Acusado por Horkheimer de no ser un buen materialista, habría que concederle algo de razón al gran Max, puesto que Benjamin, por poner sólo un ejemplo, afirmaba el honor como espiritualidad materialista, o el poder de la narración y de la palabra sobre el cuerpo: por ello “el hombre comunica en el lenguaje y no por el lenguaje”.

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