Como un marrano capao.

Me viene ocurriendo una cosa desde hace ya algunos años. Es lo siguiente: me pone de muy mala leche que cuando algunos llegan al poder creen que éste es algo parecido al mando cuartelero. Es inaceptable que aparezca por ejemplo una María Dolores de Cospedal con la carajada de que hay “grave ignorancia” en los abucheos al PP, a propósito de la manifestación contra el directo de izquierda europeo al mentón de la doctrina Parot. Cuando gobernaba Zapatero, de infausto recuerdo, he citado muchas veces aquella frase de Lichtemberg que decía que “hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa”. Zapatero, el hijo del viento, fue barrido por los vientos de la historia, pero la frase aún tiene pleno sentido.

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El paro y los griegos.

Zapatero es como un niño chico; sus salidas me recuerdan siempre a ese “no lo volveré a hacer más” que te dice un crío cuando lo cazas haciendo una barrabasada. Hace unos días nuestro inane  presidente “prometió” que el paro, que ya llega a los 4,6 millones de personas, bajará en abril. Su confesión de que se siente responsable del aumento del desempleo es como para tomarla a chufla. Mientras tanto, Salgado, la clarividente chica de los números, dice que el aumento producido en el primer trimestre (251,700 personas) estaba dentro de las previsiones del Gobierno; así que todos tranquilos.

Esta vez ha sido Chaves, el vicepresidente de nosequé, el que ha dicho la gran frase: “el dato actual es mejor que el del primer trimestre de 2009”. Afortunadamente van a afrontar un plan de reducción de altos cargos que ahorrará 16 millones de euros anuales; eso sí, se les ha olvidado mencionar que la Administración del Estado tenía presupuestado 5,787 millones de euros en gastos de personal para el primer trimestre y se han desviado hasta los 6,017 millones. Total, que importancia tiene; sólo son 231 millones.

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Fe y esperanza.

Entiendo perfectamente que nuestro amigo y presidente Rodríguez Zapatero haya viajado hasta Washington para asistir a misa con el Nobel de la Paz. Y lo entiendo porque a pesar de lo que digan sus enemigos nuestro presidente es un hombre de fe. Uno de los grandes periodistas de la historia –tranquilos, no es María Antonia Iglesias- definía la fe como “una creencia ilógica en que lo improbable sucederá” [H. L. Mencken]. Nuestro presidente ha dado sobradas muestras de tener una fe ciega, que es como debe ser la fe, en su propia política. Sin embargo cuando pienso en nuestro Presidente a mí me viene a la mente aquella cosa que escribió Lichtemberg: “Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa”.

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