Henrik Ibsen: “Las verdades que acepta…”.

“Las verdades que acepta la mayoría no son otras que las que defendían los pensadores de vanguardia en tiempos de nuestros tatarabuelos. Ya no las queremos. No nos sirven. La única verdad evidente es que un cuerpo social no puede desarrollarse regularmente si no se alimenta más que de verdades disecadas”.

Un enemigo del pueblo.

El retrato de Dorian Gray (“The Picture of Dorian Gray). Oscar Wilde, 1890.

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En ciertos aspectos es también esta novela un libro de proverbios. Los agudos y sutiles dardos que Lord Henry lanza sin cesar y sin errar contra la sociedad son quizá lo más conocido de “El retrato de Dorian Gray”. Pero la novela tiene una profundidad mayor: el tratamiento del bien y el mal, el mito de la eterna juventud, el hedonismo y, cómo no, el arte. Aprovecha Oscar Wilde para realizar otro retrato, el de la alta sociedad británica de la época victoriana, con su santificación de las formas y su doble moral. Esta novela participa del mito de Fausto como también del mito de Pigmalión.

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M. El vampiro de Dusseldorf. (“M”). Fritz Lang, 1931.

M. El vampiro de Dusseldorf., de Fritz Lang (1931).

Un asesino en serie anda suelto. Ha matado ya a ocho niños; el miedo, la sospecha, la paranoia, han sido sembrados en la ciudad. Ante la inoperancia policial y por el daño causado al mundo del hampa, con continuas redadas a la caza y captura del asesino, es ese hampa, como sociedad perfectamente organizada, quien decide buscar, capturar y enjuiciar al asesino. Aparece aquí el mundo delincuencial como un orden social, con sus estratos, con su ley y con su propio criterio de justicia.

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Criaturas lingüísticas.

El lenguaje es, entre otras cosas, un sistema de proyección de la realidad, por tanto un reflejo de lo social. Y al igual que la realidad, ocurre también que nuestra lengua se rige por un principio económico, en este caso el que nos evita explicitar lo implícito. Dicho de otro modo, el que nos evita tener que desdoblar un término cuando implica cuestiones relacionadas con el género (que nada tiene que ver con el sexo).

Además el lenguaje es un sistema contextual. Es decir, el contexto determina la forma en que captamos el mensaje. Existe un contexto lingüístico, también el contexto del emisor, y, por supuesto, el contexto del receptor. Y resulta que eso que se llama sexismo lingüístico, no está en el lenguaje, sino bien en el emisor, bien en el receptor.

Ahora tenemos el caso del término “criatura” que el Ministerio de Sanidad, a través de una cosa que se llama Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, quiere que sustituya al término “bebé”. A juicio de quienes se ocupan de esto en el Ministerio “criatura”, aunque de género femenino, no tiene marca de sexo, mientras que “bebé” parece ser que sí.

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