El corazón de las tinieblas (“Heart of darkness”). Joseph Conrad, 1899.

“¡Ah! ¡el horror! ¡el horror!”.

Este polaco que pasó su infancia en Kiev y su adolescencia en Cracovia supone una de las más altas cotas de la literatura inglesa. No es hasta los 21 años y desconociendo el idioma que toma contacto con Inglaterra, a cuyo servicio marítimo ingresa en 1878.

“El corazón de las tinieblas” es, ante todo, una profunda reflexión sobre la naturaleza humana, sobre el bien y el mal, que no son sino conceptos humanos, y sobre qué nos ocurre cuando dejamos de sentir sobre nosotros el nudo corredizo que el mundo civilizado pone en nuestro cuello. A través del viaje físico, remontando el río Congo, en busca de Kurtz, nos invita Conrad a presenciar el viaje interior de Charles Marlow, en un constante movimiento geográfico y psicológico que lo va acercando al personaje al que busca.

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M. El vampiro de Dusseldorf. (“M”). Fritz Lang, 1931.

M. El vampiro de Dusseldorf., de Fritz Lang (1931).

Un asesino en serie anda suelto. Ha matado ya a ocho niños; el miedo, la sospecha, la paranoia, han sido sembrados en la ciudad. Ante la inoperancia policial y por el daño causado al mundo del hampa, con continuas redadas a la caza y captura del asesino, es ese hampa, como sociedad perfectamente organizada, quien decide buscar, capturar y enjuiciar al asesino. Aparece aquí el mundo delincuencial como un orden social, con sus estratos, con su ley y con su propio criterio de justicia.

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Más allá del bien y del mal.

Me decía ayer un amigo que siempre me meto con el PSOE y muy raramente con el PP, que se me ve el plumero. Por más que le intentaba explicar que nunca he tenido plumero, por más que le decía que viviendo donde vivo, Sevilla, me gobiernan los mismos en el Ayuntamiento, la Comunidad Autónoma y el Estado, y que estoy cansado de oir tontadas sobre la sostenibilidad, la igualdad, y la …dad, y de no ver ni una solución a ninguno de los problemas que tenemos; él me contestaba que estando como estamos sólo se puede estar a favor de los derechos, con el Gobierno, o en contra, con el PP. Lo interesante de su argumentación es que vuelve a poner sobre la mesa la ideología del enfrentamiento que el progresismo español lleva un tiempo promoviendo para escarnio de propios y extraños. Total, que al confirmarle yo lo que él ya pensaba, pero ajustando un poco mi respuesta a su necesidad de enfrentamiento, le dije que su argumento era falso, más aún, deliberadamente falso y que eso le convierte a él y a sus correligionarios en unos miserables.

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