El salario del miedo (“Le salaire de la peur”). Henri-Georges Clouzot, 1953.

El salario del miedo, de Henri Georges Clouzot (1953).

En algún lugar de Sudamérica, sitiados por el calor y la miseria, un puñado de hombres huidos de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, pasean sus polvorientos espíritus por las polvorientas calles de una ciudad polvorienta. Aquí no hay nada, sólo el pasar del tiempo, junto a la puerta de la cantina. Sólo Mario (Yves Montand) tiene el entretenimiento adicional de divertirse con Linda (Vera Clouzot), la sexualmente servicial camarera de El Corsario Negro, que destila una sensualidad felina en cada aparición en pantalla.

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Argo. Ben Affleck, 2012.

Película muy sólida y muy recomendable. Producida por el propio Affleck –especialista además en Asuntos de Oriente Medio- y George Clooney, Argo es la tercera película –tras Gone baby gone (2007) y The Town (2010)- del director, que aquí demuestra tener un buen pulso narrativo. Aunque como actor no suele ser santo de mi devoción he de reconocer que en esta película si me ha gustado, realiza una interpretación muy contenida, sobria y veraz, dando la impresión de que su personaje, un agente de la CIA, roza la irreprochabilidad moral.

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The Artist. Michel Hazanavicius, 2011.

The Artist. Tengo que decir desde el comienzo que hay que tenerlos muy bien puestos para en pleno siglo XXI realizar una película muda. Una vez reconocida la valentía de tan loable empresa he de decir que la película no termina de resultar. Para empezar cuesta bastante trabajo meterse en ella; el ritmo durante la … Continuar leyendo "The Artist. Michel Hazanavicius, 2011."

The Artist.

Tengo que decir desde el comienzo que hay que tenerlos muy bien puestos para en pleno siglo XXI realizar una película muda. Una vez reconocida la valentía de tan loable empresa he de decir que la película no termina de resultar.

Para empezar cuesta bastante trabajo meterse en ella; el ritmo durante la primera media hora es bastante irregular y lo que se cuenta se hace estirando el guión hasta el aburrimiento; hay, sí, un núcleo central en la película que es interesante, bien contado y rodado; pero, nuevamente, la última parte de “The artist” se va de las manos del director, para acabar con un final tan poco sorprendente como bobalicón.


Decir que “The artist” es una película clásica es ni más ni menos que un abuso terminológico. Si tuviera que buscar una palabra para condensar la impresión que la película me ha producido, ésta sería “batiburrillo”; es un batiburrillo, una mezcla desordenada, de estilos y guiños al cine en general y al mudo en particular: hay naturalismo, surrealismo, expresionismo, …; pero también un homenaje a otras mil cosas; y este es otro de los problemas de la peli: se está demasiado pendiente de realizar homenajes: a Hitchcock y Bernard Herrmann, a Minnelli y a Fairbanks, a Wilder y Orson Welles, a Bergman y a Fred Astaire,…, hasta el perrito nos trae a la memoria a Asta, el simpático chucho de William Powell y Mirna Loy en aquellas películas de los años 30.

Es una película demasiado sobrecargada y demasiado efectista; una vez pasada la sorpresa inicial “The artist” no es sino una predecible sucesión de amaneradas situaciones. Lo que cuenta el filme ha sido visto mil veces en el cine.

Los actores protagonistas dan perfectamente la talla, aunque no den el perfil físico de los actores del mudo: demasiada presencia física de Jean Dujardin, demasiada delgadez en Berenice Bejo. Pero realizan una buena interpretación. Los secundarios pasan, a excepción de James Cromwell, sin pena ni gloria por el metraje.

Ojeo algunas críticas en Internet y veo que a la gente se le pone dura diciendo que es una obra maestra, imprescindible, un genuino homenaje al mudo y a la historia del cine, y toda una extensa sarta imbecilidades dignas de mejor causa.

Se abusa de la música –hay un climax cada cinco minutos-, se abusa del contraplano, y lo que a mi juicio resulta peor de esta película muda: ¡se abusa del diálogo!

“The artist” aunque posee cierto simplón encanto es absolutamente irregular, sentimentaloide, y carente de alma. A pesar de que su factura técnica es más que correcta no deja de ser una película trivial.


Nader y Simin. Una separación (“Jodaeiye Nader az Simin”). Asghar Farhadi, 2011.

Nader y Simin. Una película inteligente; deudora de Hitchcock. Utiliza al menos dos elementos fundamentales del maestro británico: el McGuffin (en este caso el robo) así como una pequeña trampa para completar la narración (el atropello). Elementos que engarzan toda la película son el amor y el deber. Al principio del filme se produce, ante … Continuar leyendo "Nader y Simin. Una separación (“Jodaeiye Nader az Simin”). Asghar Farhadi, 2011."

Nader y Simin.

Una película inteligente; deudora de Hitchcock. Utiliza al menos dos elementos fundamentales del maestro británico: el McGuffin (en este caso el robo) así como una pequeña trampa para completar la narración (el atropello).

Elementos que engarzan toda la película son el amor y el deber. Al principio del filme se produce, ante el juez, este diálogo:
            Simin: “¿Qué más da lo que hagas por tu padre? El ya no te reconoce.”
            Nader: “Sí, el no sabe que yo soy su hijo. Pero yo si sé quién es mi padre”.

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El hombre tranquilo (“The quiet man”). John Ford, 1952.

El hombre tranquilo.

¡Impetuosa!, ¡homérica! Qué tiene esta película que 60 años después de ser rodada mantiene toda su frescura. Posiblemente sea una de las mejores historias de amor del cine. Amor a Irlanda, a su paisaje y a sus gentes, amor entre Wayne y O’Hara. La sensibilidad de Ford en los planos y secuencias de esta película es realmente impresionante; el detallismo con que nos muestra los sentimientos del tranquilo Thornton y la irascible Mary Kate; el recurrente tema fordiano del hombre en busca del hogar, del hombre en busca de redención; la nostalgia de Irlanda, del origen,… Al igual que otras muchas películas de Ford ésta comienza con la llegada del protagonista al lugar donde se desarrollará la acción. Innisfree es un lugar donde el tiempo parece detenido y donde la represión inunda la costumbre. Un lugar que será un bálsamo para Wayne, y para nosotros.

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Los pájaros (“The birds”). Alfred Hitchcock, 1963.

Los pájaros.

Grande, grande, esta película. Es un compendio del cine de Hitchcock, con un atroz nivel de complejidad. Tratamos aquí con la fragilidad de las apariencias, con los efectos de la incomunicación y la purificación por el sufrimiento.

los pajaros

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Testigo de cargo (“Witness for the prosecution”). Billy Wilder, 1957.

Testigo de cargo.

Otra película de las de verdad. Está basada en una obra de Agatha Christie. Dirigida por uno de los grandes, Billy Wilder, que aquí emula a Hitchcock, consiguiendo una gran película de intriga y suspense. Te mantiene pegado a la silla durante todo el metraje y además tiene un final soberbio e inesperado. Quizá uno de los mejores finales del cine. Afortunadamente en esta película se cumplen los diez mandamientos de Billy Wilder: ” Los nueve primeros dicen: ¡No debes aburrir! El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final de la película.”.

testigo de cargo

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