Ricardo Vidal López 9 febrero, 2012

The Artist.

Tengo que decir desde el comienzo que hay que tenerlos muy bien puestos para en pleno siglo XXI realizar una película muda. Una vez reconocida la valentía de tan loable empresa he de decir que la película no termina de resultar.

Para empezar cuesta bastante trabajo meterse en ella; el ritmo durante la primera media hora es bastante irregular y lo que se cuenta se hace estirando el guión hasta el aburrimiento; hay, sí, un núcleo central en la película que es interesante, bien contado y rodado; pero, nuevamente, la última parte de “The artist” se va de las manos del director, para acabar con un final tan poco sorprendente como bobalicón.

Decir que “The artist” es una película clásica es ni más ni menos que un abuso terminológico. Si tuviera que buscar una palabra para condensar la impresión que la película me ha producido, ésta sería “batiburrillo”; es un batiburrillo, una mezcla desordenada, de estilos y guiños al cine en general y al mudo en particular: hay naturalismo, surrealismo, expresionismo, …; pero también un homenaje a otras mil cosas; y este es otro de los problemas de la peli: se está demasiado pendiente de realizar homenajes: a Hitchcock y Bernard Herrmann, a Minnelli y a Fairbanks, a Wilder y Orson Welles, a Bergman y a Fred Astaire,…, hasta el perrito nos trae a la memoria a Asta, el simpático chucho de William Powell y Mirna Loy en aquellas películas de los años 30.

Es una película demasiado sobrecargada y demasiado efectista; una vez pasada la sorpresa inicial “The artist” no es sino una predecible sucesión de amaneradas situaciones. Lo que cuenta el filme ha sido visto mil veces en el cine.

Los actores protagonistas dan perfectamente la talla, aunque no den el perfil físico de los actores del mudo: demasiada presencia física de Jean Dujardin, demasiada delgadez en Berenice Bejo. Pero realizan una buena interpretación. Los secundarios pasan, a excepción de James Cromwell, sin pena ni gloria por el metraje.

Ojeo algunas críticas en Internet y veo que a la gente se le pone dura diciendo que es una obra maestra, imprescindible, un genuino homenaje al mudo y a la historia del cine, y toda una extensa sarta imbecilidades dignas de mejor causa.

Se abusa de la música –hay un climax cada cinco minutos-, se abusa del contraplano, y lo que a mi juicio resulta peor de esta película muda: ¡se abusa del diálogo!

“The artist” aunque posee cierto simplón encanto es absolutamente irregular, sentimentaloide, y carente de alma. A pesar de que su factura técnica es más que correcta no deja de ser una película trivial.