Ricardo Vidal López 8 agosto, 2012

Hoy desayunamos con la noticia de que un pretendido Robin Hood quiere hacer justicia mediante el robo y la fuerza; sí, Juan Manuel Sánchez Gordillo, diputado en el Parlamento de Andalucía y Alcalde de Marinaleda, ha decidido asaltar y robar dos supermercados “para darles a los pobres, porque los ricos ya andan robando”.

Defiende la “expropiación alimentaria” como necesaria porque “el polvorín de la desigualdad está encendido” y anuncia mas acciones de este tipo así como la ocupación de bancos y tierras.

Este Tempranillo del tres al cuarto se cree con derecho a vulnerar cualquier tipo de norma en pos de cumplir sus objetivos, fundamentalmente salir en prensa y televisión como el eterno revolucionario. Revolucionario con cargos, eso sí. Habrá que recordar a este ilustre miembro de la Cámara Andaluza que en una democracia el fin no justifica los medios. La actuación de Sánchez Gordillo lo convierte en un delincuente, y a los delincuentes se les combate con la policía y la ley. Parece que ya hay una orden de detención contra él. Por ello, y según vieja costumbre del lugar, Gordillo ha acusado al Ministro de Interior de franquista. Desde luego que es más chulo que el mecánico del coche fantástico.

Y con ser esto grave no es lo peor. Lo peor es que encima el Vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, camarada a la sazón de Robin Sánchez, dice que entiende el fondo de la acción, y que ésta abre un debate sobre la riqueza. Además afirma que como la acción se ha realizado en nombre de un sindicato y no de IU ésta coalición no abrirá expediente. Dice nuestro trivial Vicepresidente que no hay que dejarse llevar por el “envoltorio de las formas”. He aquí mi escueta opinión sobre el particular: Valderas vete al carajo.
Otro que no ha podido callar es el eurodiputado de IU Willy Meyer, que afirma, sin vergüenza (separado), que la orden de detención contra los asaltantes es una “metedura de pata veraniega” del Ministro del Interior. Y también que esta acción “vanguardista” –qué cojones tiene Willy- es de un sindicato y no tiene nada que ver con Izquierda Unida. Y si Don Willy habla, su nena también. La Secretaria General de Vivienda, Rehabilitación y Arquitectura del Ejecutivo Andaluz y miembro –bueeeno, veeeenga, miembra- de la Ejecutiva de IU en Andalucía, Amanda Meyer, contesta en Twitter a Griñán que “no señale al débil mientras nos roban a manos llenas gracias a la reforma constitucional…”.
Item más, José Antonio Castro, portavoz de IU en el Parlamento Andaluz, dice que le ruboriza “que con todas las cosas graves que están ocurriendo, se monte tanto escándalo y tanto espacio mediático” por estos sucesos; pues mira, aquí lleva toda la razón, en España no es noticia que un representante público sea un delincuente. Llamazares, don Gaspar, naturalmente, también justifica a Gordillo y califica de hipócritas e histéricas a otras sensibilidades políticas.
Bueno, hay más pronunciamientos de este estilo pero es suficiente. Solo algo más, ajeno a este asunto, que por su contenido explícitamente humorístico vale la pena señalar. Antonio Romero, otro IUboy, que anda estos días haciendo una huelga de hambre de 48 horas, jajaja, contra Gibraltar ha tenido la ocurrencia de proponer una denuncia a Rajoy por crímenes contra la humanidad.
Volviendo a Robin la cuestión que nos quieren, a lo que se ve, plantear desde la Vicepresidencia de la Junta es si es ético el robo bajo determinados supuestos. Como viene siendo habitual en el lenguaje político se apela al disfraz de la solidaridad para blindar éticamente la acción. Sin embargo todo es falaz. Que sea precisamente un representante político electo, no alguien anónimo y desesperado, quien promueva actuaciones delictivas, quien genere desconfianza hacia los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, quien gangrene los miembros de nuestro orden social para obtener un supuesto bien superior, es algo que ya hemos visto a gran escala en la Europa de los años 30; el principio es el mismo.
El imprudente y temerario Gordillo es un demagogo confundido que alienta la pasión vengativa de las masas.