Ricardo Vidal López 12 febrero, 2010

La carretera.

Tras la aplastante visión apocalíptica de esta película late, de forma constante, casi rítmica, la idea de que la esperanza es la propia vida. No se puede continuar vivo sin ella, como nos demuestra el personaje de Charlize Theron. Aquí esa esperanza es representada por el sur, por la costa. En esta desoladora película se dan cita varias cuestiones que, como en el cine clásico, atañen a la moral. Nos habla de la naturaleza humana puesta frente a sí misma, nos recuerda permanentemente que “el hombre es un lobo para el hombre”. La brutalidad de algunas escenas sirven para poner de manifiesto la multiplicidad de posibles comportamientos humanos que podría generar una situación como la que se describe. Y algo interesante, que vemos muy poco últimamente en el cine, es la conciencia de la moralidad, ese “fuego interior”, que es el que nos mantiene en lucha, que es quien hace que pase lo que pase continuemos caminando.

La película nos oculta el comienzo, como también nos oculta el fin. Únicamente importa el viaje, un viaje iniciático y terminal a un tiempo, como la propia carretera, inicio y final a cada paso. Un viaje en que van en compañía del miedo, el frío, el hambre y la muerte. “La carretera” es una aplastante reflexión sobre la vida y la humanidad, sobre la vida del hombre, tan lírica como trágica.

Me gustaría subrayar la fotografía de Javier Aguirresarobe. Consigue un efecto devastador. La mayor parte de la película se desarrolla en espacios abiertos y, sin embargo, esa fotografía me causa una sensación de encierro que no pude apartar en toda la película. A ello ayuda de forma importante la ambientación, el maquillaje, la música y el ritmo narrativo, deliberadamente pausado. Desde el punto de vista formal la película consigue su objetivo.
Deliberadamente hostil, “La carretera” nos ofrece imágenes de una ternura simple pero directa, la escena de la coca cola o el baño del hijo, son una buena muestra.
Viggo Mortensen es la viva imagen de la desolación y de la fuerza. Nos muestra con su brillante interpretación cómo un padre bajará a los infiernos para salvaguardar la vida de su hijo; cómo, además, no descuidará la preparación del chico para cuando él falte, le transmitirá el “fuego interior”, en definitiva, le conducirá con feroz sinceridad por el árido camino hacia la madurez. Si tenéis hijos la película os conmoverá y os sobrecogerá. “La carretera” es la demoledora e intimidatoria visión de un mundo extinto, de que el auténtico horror proviene de la desesperación.