Ricardo Vidal López 14 octubre, 2010

Pues sí, Maese Guillermo nos acaba de regalar otra de sus desconcertantes majaderías.

Resulta que según este individuo, con alma de comisario político, Vargas Llosa, que por cierto a mí no me gusta, es “un derechista muy peligroso”. Desde luego, me hace mucha gracia la forma de expresarse; dice: “por la parte literaria, el premio se lo merece, ya que es uno de los mejores escritores a los que he tenido acceso” (hay que ser pedante, “tenido acceso”). Si yo no lo entiendo mal lo que dice es que se merece el premio porque es uno de los mejores escritores a los que el chiquillo ha tenido acceso. La pregunta es evidente: si el señorito no hubiera “tenido acceso” ¿merecería este peligroso derechista el premio?

Total, que el fulano este me ha hecho recordar a Sofía Mazagatos, otra gran intelectual española, cuando hace unos años le preguntaron precisamente por Vargas Llosa y dijo aquello tan impactante de “me encanta como escribe Vargas Llosa. No he leído nada de él, pero le sigo”. Se me antoja que ambos podrían formar un tándem crítico, como una especie de Pepe Gotera y Otilio de la literatura.

Al margen de los posicionamientos políticos de este pequeño gnomo, que se quiere convertir en una especie de conciencia de los que según él no tenemos conciencia por no compartir sus puntos de vista, aquí volvemos a chocar con un ya viejo hábito español: sólo es intelectual válido quien es un valido que lanza baladíes balidos desde la progre izquierda.
Lo que ya nos viene demostrando desde hace tiempo es que es un firme partidario de las chekas, que las checas son otra cosa y esas nos gustan a casi todos. El párvulo Toledo con sus camisetas de Ho Chi Minh y sus pañuelos  saharauis; el bisoño Guillermo con sus calificaciones de Orlando Zapata y de Vargas Llosa nos muestra de manera constante y, desgraciadamente, sonante que hay formas de sesgar y pervertir la historia.
Su permanente parloteo sobre la crisis política, cultural y de derechos humanos se convierte ya en una incómoda almorrana en el culo de los españoles o, como se dice ahora, de “los ciudadanos y ciudadanas de este país”. Los argumentos que maneja son más débiles que la rodilla de Prosinecki, y sólo tienen sustento en la absoluta inoperancia intelectual, incontestable ignorancia histórica y completa mala fe de semejante mamarracho. Además ha conseguido que ninguno de los suyos le haga ni puñetero caso.

En definitiva, el pequeño Willy es más brillante que la paellera de Villarriba.