Ricardo Vidal López 8 noviembre, 2010

Estaba leyendo hace unos días un artículo sobre mi admirado Mencken y me encontré con una frase suya sobre Franklin D. Roosevelt: “Fue el primer americano en penetrar en las profundidades de la estupidez del vulgo. Nunca cometió el error de sobreestimar la inteligencia de la muchedumbre”. Los que me conocéis habréis inferido certeramente que de forma inmediata yo me acordé del desacompasado Zapatero y su desafinada orquesta.

Con lo que ya hemos tragado, y lo que nos queda, hace unos días el nuevo Ministro de Trabajo nos puso en las tostadas la gran noticia de que en 2011 se creará empleo neto; de hecho apostilla “espero que podamos presentar un saldo positivo a final de año”.

Vale. Para mí es suficiente. Volvemos al voluntarismo bienintencionado que tan de moda se puso el pasado año. No obstante, si no recuerdo mal, el propio Zapatero dijo hace unas semanas que el paro subiría en 2011. Vamos, que a Rubalcaba le queda mucho trabajo por hacer en cuanto a coordinación de la comunicación.

Lo más notable que ha ocurrido desde la crisis de gobierno es sin duda la polémica surgida en torno al orden de los apellidos. Esta medida está claramente encaminada a luchar por la igualdad. Siguiendo la costumbre del lugar los que discutan esta propuesta serán unos fachas. Yo, por ejemplo, me opongo, naturalmente, a esta medida; pero no por facha sino por mi afición a la genealogía y, coherentemente con ello, por defensa la memoria histórica familiar. Os podéis imaginar un árbol genealógico donde los apellidos vayan bailando el orden: imposible. ¿Cómo podremos conservar la memoria de nuestros antecedentes familiares? Tarea abocada al fracaso.

Igualmente importante creo que va a ser esa cosa que viene y que parece que se llamará Ley de Igualdad de Trato con la que se pretenderá combatir la discriminación en todos sus aspectos. Se incluirán, además de los criterios clásicos, características genéticas, apariencia física, patrimonio, origen nacional y lengua. De tal manera que con esta ley se pretenderá eliminar hechos como que no contraten a alguien por ser obeso. Pero imagina que no eres obeso, sino flaco y gilipollas. ¿Te amparará esta ley? Todo esto parece que sale del cajón de Bibiana Aido, así que habrá que esperar para concretar algo.

Hace unos días la Comisión de Igualdad del Congreso aprobó una iniciativa para pedir al Gobierno medidas que eliminen los “juegos sexistas” y los “estereotipos” en el patio de los colegios. Gracias a Dios que nuestros representantes se ocupan de las cosas importantes…; si no fuera porque no tiene hueso me partiría la polla.

Termino con una breve referencia a la Asociación de Academias de la Lengua Española, dónde parece que también se quedará a vivir la memez como huésped habitual. Se le aplicará la solución definitiva a la “ch”  y la “ll” y pasan por quirófano la “i griega”, la “q” y la “z”. La “z”, sí. Ahora se llamará “ceta”, ¡qué cipote! Y os acordáis de aquél simpático palito oblicuo que se ponía encima de algunas vocales; sí, hombre, aquél que los técnicos llamaban “tilde”; pues ése también será dinamitado de algunas palabras. A este paso terminaré hablando un idioma distinto al de mis hijos.